Planos que se entienden sin ser arquitecto
Entregamos plantas amuebladas, secciones por medianera y detalles de encuentro a escala legible. El cliente ve dónde queda la cocina, cuánto mide el pasillo y cómo se resuelve el hueco de escalera antes de firmar el presupuesto.
Presupuesto cerrado por partidas
Dividimos demolición, albañilería, instalaciones, carpintería y acabados. Cada partida lleva su medición y su precio, y solo se abre un extra cuando aparece un imprevisto real: forjado dañado, humedad en medianera o instalación fuera de norma.
Visita semanal y un único interlocutor
El mismo técnico que redacta el proyecto pasa por obra cada semana, revisa gremios y deja acta con fotos. No hay cadena de intermediarios: si el albañil tiene una duda con la medianera, se resuelve en la visita, no por teléfono.
Rehabilitar antes que sustituir
Conservamos vigas de madera, pavimento hidráulico o carpintería original cuando aguanta. Reforzar un forjado existente suele costar menos que levantarlo, y mantiene el carácter del edificio, que es parte del valor del piso.
Luz y ventilación como punto de partida
Antes de decidir la distribución estudiamos orientación, patios interiores y huecos posibles. Recuperar un patio cegado o abrir una cocina al salón cambia la casa más que cualquier acabado, y condiciona dónde van los baños y el área de noche.
Plazos con holgura para obra antigua
En fincas de más de cincuenta años reservamos margen para imprevistos estructurales y para los trámites de comunidad. Preferimos dar un plazo realista y cumplirlo antes que prometer una fecha que luego obliga a correr y a tapar errores.